Augusto San Miguel y el cine que desapareció
Augusto San Miguel es una figura fundamental para comprender los primeros pasos del cine de ficción ecuatoriano. El documental Augusto San Miguel ha muerto ayer, dirigido, escrito y producido por Javier Izquierdo, recupera su historia desde una investigación que combina archivos, testimonios, prensa y memoria. La película se estrenó en 2003 y tiene una duración aproximada de 45 minutos.
La película parte de una ausencia. Las obras cinematográficas de San Miguel no se conservan. De sus películas sobreviven anuncios, referencias periodísticas, documentos y testimonios. Estos materiales permiten reconstruir parte de su trayectoria. También abren preguntas sobre la conservación de la memoria audiovisual del Ecuador.
San Miguel nació en Guayaquil en 1905. Durante la década de 1920 desarrolló una importante actividad cinematográfica. En 1923 fundó, junto al actor italiano Carlo Bocaccio, una escuela de actores mímicos. El espacio también funcionó como estudio de filmación
Augusto San Miguel, pionero del cine ecuatoriano
En 1924, San Miguel estrenó El tesoro de Atahualpa. La obra es considerada el primer largometraje argumental ecuatoriano. La película narraba la búsqueda del legendario tesoro de Atahualpa. También incorporaba paisajes, costumbres y pueblos originarios del Ecuador.
Ese mismo año presentó Se necesita un guagua. En esta producción participó como actor, director y productor. Después realizó Un abismo y dos almas y El desastre de la vía férrea. En menos de dos años construyó una producción considerable para las condiciones de la época. Sin embargo, ninguna de estas películas llegó hasta nuestros días.
Esta desaparición ocupa un lugar central en el documental de Javier Izquierdo. La película investiga las posibles razones de esa pérdida. Algunas hipótesis hablan de incendios, deterioro o dificultades de conservación. También existe una historia mucho más extraordinaria. Según una antigua leyenda, San Miguel habría sido enterrado junto a sus películas.
La investigación explora esa frontera entre documento y leyenda. El resultado plantea una pregunta que trasciende la vida del cineasta: ¿cómo construimos la memoria de una obra cuando ya no podemos ver la obra original?
Un documental sobre memoria y patrimonio audiovisual
Augusto San Miguel ha muerto ayer adopta una estructura cercana a una investigación detectivesca. Javier Izquierdo reconstruye la trayectoria del cineasta mediante archivos, recortes de prensa, testimonios y documentos históricos. Entre estos materiales aparecen registros conservados durante décadas por el periodista guayaquileño Hugo Delgado Cepeda.
El documental convierte esos fragmentos en pistas. Cada anuncio y cada testimonio ayudan a reconstruir una historia que permanece incompleta. La ausencia de las películas se convierte así en el centro de la investigación.
Esta mirada también permite reflexionar sobre la fragilidad del patrimonio audiovisual ecuatoriano. Cuando una película desaparece, no perdemos únicamente una obra artística. También desaparecen imágenes de una época. Se pierden paisajes, personajes, conflictos e imaginarios que forman parte de la memoria colectiva.
La Casa de la Cultura Núcleo del Azuay abre la Sala Alfonso Carrasco para acercar esta reflexión al público. La proyección, posible gracias a la Cinemateca Nacional propone un encuentro con la historia del cine ecuatoriano. También ofrece una oportunidad para pensar en la importancia de conservar las imágenes que construyen nuestra memoria cultural.
Javier Izquierdo y la recuperación de una memoria
Javier Izquierdo realizó Augusto San Miguel ha muerto ayer como su primer trabajo cinematográfico importante. Su interés por el pionero guayaquileño nació de una investigación previa. Le llamó la atención descubrir a un cineasta que desarrolló su vocación durante los años veinte.
La película refleja una preocupación presente en la trayectoria de Izquierdo: la relación entre memoria, archivos, historia y ficción. En este caso, el director no dispone de las películas originales de San Miguel. Trabaja con las huellas que dejaron.
El documental funciona así como una forma de arqueología audiovisual. No recupera físicamente las películas perdidas. Sí recupera las preguntas que permanecen alrededor de ellas. Esa búsqueda convierte una ausencia en materia cinematográfica.
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