El pasado 26 de febrero, Cuenca conmemoró los 100 años del natalicio de Efraín Jara Idrovo, figura imprescindible de las letras ecuatorianas, catedrático y expresidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) Núcleo del Azuay.
El homenaje, nacido de la iniciativa de Soledad Corral, quien acompañó al poeta en sus últimos años, transformó el Salón del Pueblo en un epicentro de memoria y afecto. La articulación de este encuentro fue posible tras una serie de diálogos en Palier Café Libro, donde gestores como Germán Gacio, Carlos Vásconez y la propia Corral diseñaron una agenda que trascendió lo protocolario.
Un diálogo entre amigos y letras
El evento central contó con un conversatorio de alto nivel académico y humano. Los escritores Oswaldo Encalada, Guillermo Gomezjurado y María Augusta Vintimilla, bajo la moderación de Carlos Vásconez, exploraron las múltiples facetas de Jara Idrovo. Encalada, en particular, logró una conexión especial con el público al matizar la grandeza literaria del «Cholo» Jara con anécdotas personales que llenaron de risas y calidez el Salón del Pueblo.
La poesía, eje central de su existencia, cobró vida en las voces de Jorge Aguilar, Agustín Molina e Isabel Aguilar Jara —coordinadora de la Unidad de Editorial de la CCE Azuay—, quienes realizaron una lectura emotiva de fragmentos seleccionados de su obra.
Justicia simbólica
Durante la apertura, Nancy Arpi, coordinadora de la Unidad de Museos del Núcleo, resaltó la importancia del espacio que acogió la cita: “Que hoy este espacio —que inmerecidamente lleva su nombre— Salón del Pueblo Efraín Jara Idrovo Museo Galería, nos convoque, no constituye un mero gesto ceremonial, sino un acto de justicia simbólica”.
El evento contó con la presencia de autoridades como Rodrigo Mendieta, rector de la Universidad de Cuenca, y Patricio Zamora, director de la CCE Núcleo del Azuay, quienes, junto a un salón colmado de amigos y lectores, ratificaron la vigencia de un legado que, como señaló Agustín Molina en su intervención, se resiste a la despedida y fluye como una «estrella escrita» que nos habita para siempre.



